Posteado por: albertoalcaine en: Octubre 20, 2009
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Sucesión de palabras en la que cada una de ellas es lo primero que me sugiere la inmediatamente anterior…
Posteado por: albertoalcaine en: Octubre 17, 2009
Ayer estuve en ese recinto maravilloso y amado por todos en las Fiestas del Pilar llamado Interpeñas y en el que reside toda la magia y ambiente festivo durante los 10 días que dura el mayor sacaperras para los zaragozanos después de la Expo, que son las Fiestas del Pilar.
Con razón los bares están vacíos, Valdespartera cierra sin que a nadie se le caigan los anillos y el centro destila solidad. Con razón, después, el Vicealcalde Fernando Gimeno dice que Interpeñas es un botellón en si misma. Anoche, la imagen a la salida de Interpeñas era dantesca. Cuadrilla de cerdos las nuevas o las viejas generaciones, o quien sea, para dejar todo de esa guisa. Me siento avergonzado de formar parte de esta juventud que desde el Consejo de la Juventud intentamos defender. Yo soy el primero que hago botellón cuando me sale, y lo declaro públicamente, aunque sea poco educativo que lo diga el Presidente del Consejo, porque me siento en un espacio que es mío, con mis amigos, usando la calle como lugar de reunión. ¿Qué tiene eso de malo? Nada, cuando no molestas, no te metes en follones y no los generas y, sobre todo, cuando recoges absolutamente toda la mierda que has generado.
Mi amigo Dani le llamaba ayer Interteen en Twitter. Nada más lejos de la realidad: todo críos. A lo mejor es porque nos hacemos mayores y nos parece que los chavales son más críos, pero es cierto que en nuestra época no llevábamos horrorosos petos de colores, ni reventábamos las lunas del autobús, ni pintábamos borrachos perdidos a las 6 de la mañana en los cristales de los autobuses quiénes nos gustaban y a quiénes amábamos, como vi ayer al mediodía en un autobús subiendo a San José.
Yo a Interpeñas lo llamaba Interpelas o Interpedos. Por eso de los pedales que te pillabas o de las pelas que te gastabas, pero no porque subir hasta allá arriba se haya convertido en una especie de odisea que no va a ningún lado. Si alguna vez le llamé Interpenas fue por no ligar, no porque no me lo pasara de puta madre en el pabellón…
Toda esta historia comienza a las once y pico de la noche esperando un 23 que no llega, porque algún prócer de la República zarajotense se le ocurrió poner las fiestas de Juslibol en lugar de las de Zaragoza para Pilares (¡qué bueno era Miguel Servet, al lado de casa!), pensando además que no subiría nadie. De paso, sólo puso un par de camiones de cerdos por hora para subir (no así para bajar y desalojarlo todo como si fuésemos mercancía, gestión de cabezas de ganado).
El caso es que no había ningún autobús por allí y subimos en taxi. Lo cogimos en el Puente de Santiago para dar la vuelta hacia Ranillas. Yo era de los que pensaba sobre dónde estaban los taxis cuando se necesitaban en Pilares. Allí todos. La Avenida de los Pirineos era una marea de taxis de bajada y la de Ranillas otra marea de subida.
El siguiente paso es encontrar entrada o colarte. Lo de la entrada es lo más chungo. Lo mejor es comprarla por Internet o en el cajero con 20 ó 30 días de antelación. Así te aseguras de que hay. Programar las Fiestas del Pilar es una odisea, porque tienes que tener todo cerrado antes de tiempo para comprarte las entradas. No vale eso de ir cada día a donde va Vicente, que sería lo normal,… No, hay que programar y cerrar actos como si se tratara de un congreso. Este año, a alguien se le ocurrió decir que nadie podría subir la Avenida Ranillas sin la entrada en la boca. Al final se cagó y se echó para atrás. Probablemente, habría más problemas que soluciones. Pero mientras tanto, la Ibercaca, que comercializaba las entradas en cajeros, se forró con los 0,50€ de comisión a tarjetas ajenas. ¡Bendita ciudad! ¡Quién fuera caja de ahorros!
Una vez allí llegados hay que esquivar el botellón de la puerta. Dijo el otro día Jerónimo Blasco, concejal de Cultura, que no entendía por qué se montaban esos botellones cuando la entrada fue gratuita el viernes. Pues porque la gente se reúne igualmente antes de entrar. Cae de cajón. Y se toman unos cubatazos. Luego, para entrar, el consabido zigzag como si entraras en una atracción de Port Aventura, pero rápido y ligero. Después, primer control de acceso, andar unos 200 metros para entrar realmente en la carpa e iniciar el segundo control de acceso.
Imaginaos ahora un tercer control de acceso en Ranillas para que sólo pasasen los que tengan entrada. O un lector de retina en el INT,… Ciertamente, es más fácil entrar en un laboratorio de seguridad del CSIC que en el Recinto de Interpeñas.
Lamentablemente, en los controles de acceso no mirar que no lleves objetos peligrosos ni armas ni drogas. Lo único que miran es que no introduzcas alcohol del exterior… No vaya a ser que no hagamos caja. Dantesco.
Ante los controles de acceso, enromes furgonas de la UAPO y de la Policía Nacional, por eso de la presunción de inocencia. Ir de fiesta y encontrarte esas parafernalias te hace preguntarte hasta dónde ha llegado esta sociedad.
Una vez dentro, ya dices: ¿a ver qué precio llevan las cosas este año? 6 euros el litro. No está tan mal… Podría haber sido peor incluso. Coges tu primer pozalico de cerveza y, tranquilamente, miras el concierto en la carpa rock. Gitaneo. No está mal. Disfrutas de la música y pegas un par de botes. Tres o cuatro saludos a conocidos y ya alguien dice.
- ¡Vamos a la discomóvil!
Cagada. Gente por todos los lados. Empujones, hacerte hueco, entrar, salir, buscar,… No digamos nada si te meas. Hay que hacer otra vez la maniobra de entrada-salida (con el ángulo perfecto para no quemarte, como las cápsulas espaciales) para finalmente, encontrar el charco de pis.
El charco de pis es como Mordor. Huele mal y te corroe las zapatillas (Nota Mental: Nunca más llevar las zapatillas nuevas a Interpeñas).
Una vez que consigues mear te das cuenta de que el resto de la gente con la que ibas se ha quedado en la masa de la discomóvil, a la par que descubres que tienes hambre y empiezas la Operación Colarte en las Patatas Asadas, una de las más arriesgadas de la noche. Sin embargo, al final no es para tanto y sales con tu papa completa con cosas que jamás se te ocurriría comer si estuvieses de fiesta, como maíz, olivas o queso rayado.
Al final decides que necesitas otro litro de cerveza para pasar la patata y te haces con él, también colándote. Seis euros y seis y cinco de la patata ya son 17 euros, más los 4 del taxi, 21. No está mal para una noche.
Cuando intentas de nuevo cruzar la marea para encontrarte con tus amigos, al DJ no se le ocurre otra cosa que poner El Vals del Obrero de Ska-P y la fiesta se anima, empiezan los pogos. Y tú, ya en medio de la marea, buscando a tus amigos, no puedes evitarlo.
Empiezas a recibir empujones. Pero los empujones no van al hombro o a la cabeza o a las piernas. ¡No! Los empujones van directamente a la mano en la que sostienes el litro que te acabas de comprar y este cae al suelo, derramándose sus seis euros.
Entonces es cuando te das cuenta de que el gilipollas que te lo ha tirado, al que le bufas, no tiene ni puta idea de lo que es el proletariado, ni la lucha de clases, ni la dialéctica marxista. Es un teen, un puto crío que no ha tenido un contrato basura en su vida y que encima no va a tener dinero para hacer lo normal: pagarte el litro que te ha tirado.
Con un tímido perdón se aleja hacia sus amigos, que siguen en un infinito pogo que nunca acaba y que ya incumbe a toda la carpa (nota mental: en las masas, especialmente en los pogos, hay que llevar el litro en alto para que te vean y tengan cuidado de no meterte una leche, ya que el litro le caería encima al que te ha pegado).
Ese fue mi punto de inflexión en la noche. A partir de ahí me cabreé, me puse a twittear con el tag #fiestasdelpilar y me dije. ¡Qué cojones! ¡Me voy a casa!
Ahí no acaba la noche. Un policía nacional te dice ¡que te cueles por la puerta de atrás del autobús! ¡Yo! ¡Colarme! ¡Tío, que debo pagar el autobús, tronco, que es un servicio público!… Pienso que trabajar ahí y en ese momento no debe ser nada gratificante.
Llego a Zaragoza de Juslibol y me queda lo peor: con mi soñera, sin tabaco y sin ganas de andar, cansado, con frío y dolor de riñones, hay que encontrar un autobús en la Puerta del Carmen, donde te ha dejado el camión de cerdos, para volver a casa. Tarda poco. Es un 23. Me deja cerca. Buenas noches. Mañana no me llamen hasta las 5 ó las 6. Y, ni de coña, me digan de subir a Interpeñas, Interpenas, Interpelas, Interpedos o Interteen.
Posteado por: albertoalcaine en: Octubre 16, 2009
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Cosas del directo. Un reportero de Aragón Televisión se queda en blanco en un directo desde un peaje de la autopista. Una joven de 21 años muere en el recinto de Interpeñas. Esta noche no se prevé suspender la fiesta. El móvil no suena. Twitter no pía. Es viernes. Son pilares.
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Anoche estuvimos en el Gallagher y en La Recogida. Nada que no se pueda hacer otro día de Pilares, salvo por los margaritas en vaso de plástico por dos libras. ¿O eran euros? Ya no lo sé, no sé si estoy en mi Zaragoza o de vacaciones, o qué demonios hago trabajando cuando todo el mundo está de fiesta. Volver en taxi y reirnos de la calle Gol de Nayim, eso sí que son Pilares.
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Al final nadie irá conmigo a Londres en mis vacaciones de noviembre. Tengo una semana vacía en mi agenda. Más vacía que la sensación de soledad en las mañanas de resaca. Cama vacía. Olor a lágrimas y a enfado. O vete tú a saber a qué. Que se rompa la barrera del sonido.
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Tenía tanto que darte. Tantas cosas que contarte. Tenía tanto amor guardado para tí. (Pero qué se habrán pensado estos tipos de Madrid… ¡Así funciona la radio que no se puede ni oír).
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¿Pues vamos a cantar jotas que es lo que se estila aquí? El otro día escuchaba una jota. ¿Por qué vienen tan contentos los labradores? Y yo, simplemente pensaba en bailarla a la luz de la luna con alguien a quien amar. Lo cual resulta, a parte de enormemente provinciano, enormemente heterocentrista. Salvo si sucede en el Plata, claro. Que entonces es muy cool. Todo lo que toca Bigas Luna se convierte en oro. Es como el Rey Midas del mundo del espectáculo. Quizá yo prefiero cien punks a las jotas. And the studs on their back say one hundred punks rule.
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Me autoinvito a comer a casa de mi madre. Me hace borrajas. ¡Se me olvidó ser aragonés hoy! De segundo no me hace magra con tomate (con huevos fritos y ajo, ¡rebaño el plato!). Me hace sardinicas (¡qué ricas son!, de Santaliestra las traigo yo). ¡Qué internacionales estamos! De postre melón (y con melón la magra, ¡no veas qué morro!, por acabar lo comenzado)… La cuajada, el café y la faria la dejamos. Que es viernes… De Pilares… pero hay que currar.
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Posteado por: albertoalcaine en: Octubre 10, 2009
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